sábado, 19 de abril de 2008

Fin de siglo y decadencia

Cada día me convenzo un poco más de que hemos entrado en una espiral temporal desde hace unos años (unos 100) a esta parte. Eso o que los seres humanos somos previsibles, previsibles, previsibles. Visto así me decanto más por la segunda opción. Pero es cierto.



Hagamos una revisión histórico-artística: por ejemplo en cuanto a política, vuelven los partidos turnantes en una monarquía rancísima, parece que todo es o rojo o azul cuando todo en realidad es morado (y de un morado muy semejante, por cierto). Estamos de nuevo en la Restauración, como después de Fernando VII, que fue un dictador, equiparable al de hace unos 33 años. Estamos en un estado en el que por lo visto, molesta que haya más ministras que ministros y que la ministra de Defensa esté embarazada. Igual que cuando le negaron entrar en la RAE a Pardo Bazán, bueno, al menos ahora entran, pero llueven críticas igual que si no se pudiera entrar.
El Arte. ¿Qué decir del Arte? Nada, mejor me callo, por que no sale ni una novela decente hace décadas y es muy triste. Me dan ganas de llorar. No voy a hablar de pintura ni escultura, etc, porque soy bastante ignorante en ese tema y lo que conozco en tan horrible que prefiero no hablar.



Qué depresión. Esto es un blog decadente.

martes, 8 de abril de 2008

Doble, triple... personalidad

Pues sí. Tenemos muchas personalidades. Y no hablo de esquizofrénicos ni de gente con trastorno bipolar (que haberlos haylos). Hace unas semanas, leí un artículo de Francisco Nieva, de 1996 en el que reflexiona sobre la múltiple personalidad, pero no casos clínicos sino la de cada uno. Cada uno somos nosotros mismos y el que mostramos a los demás, dice él. Yo digo que somos incluso tres, creer conocerse a la perfección es ser ingenuo, es decir que somos el que creemos ser, el que los demás creen que somos y el que realmente somos. Hace mucho tiempo escribí un relato sobre este tema, con esa misma frase, pero me da vergüenza colgarlo y además no sé muy por dónde anda (es anterior a este portátil desde el que escribo). El caso es que no soy la única que ha escrito sobre las múltiples personalidades de cada uno (estaría bonito), han sido muchos grandes maestros los que han escrito cosas como La otra muerte (Borges), Lejana, Axolotl, La noche boca arriba, Instrucciones para John Howell (Cortázar), La obra maestra desconocida (Balzac)... Y bueno muchos otros, no voy a seguir (más que nada porque así, sin pensar mucho, no se me ocurren más). El caso es que tener muchas personalidades nos vuelve locos y acabamos quemando nuestra casa, como Frenhofer, o creyéndonos un personaje de una obra de teatro, nos proyectamos en otro "yo" y somos nosotros a la vez que no lo somos. Y eso nos da miedo. Nos da miedo mirarnos en el espejo y ver el cuadro de Dorian Grey que dice Nieva, ver que ya no somos nosotros sino la imagen que los demás tienen de nosotros. Ver que tu último deseo es ser famoso y eres Cobain, símbolo de una generación...

lunes, 7 de abril de 2008

Muchas cosas, vol. II: el retorno de Jedi

Pues va a ser que no, que es imposible, que no sé tener un blog y tenerlo al día y contar cosas interesantes.
Acabo de ver que tengo un comentario de alguien que no conozco y que me dice que en el siglo XVIII habría gente que no se escandalizase con Sade y eso me recuerda la conferencia -truncada porque si no perdía el bus- en la que estuve esta tarde:
La conferencia era de Antonia Bueno, dramaturga y muchas otras cosas y llevaba por título Las mujeres: otra mirada escénica, dentro del ciclo de conferencias del Máster de Género y Diversidad de la Universidad de Oviedo*. La buena señora, toda una actriz, hizo un repaso por unas cuantas de las dramaturgas que han pisado esta nuestra península desde el siglo XI hasta el XX (que fue hasta donde vi yo). Me dio mucha pena irme, la verdad es que se ven pocas veces conferencias tan interesantes (a la par que entretenidas); pero volviendo al tema del que quería hablar y retomando a Sade -que en cierto modo fue también un originalísimo dramaturgo- le diré a mi desconocido comentarista que, evidentemente habría gente que viera La filosofía en el tocador como algo perfectamente sano y normal en el XVIII pero las excepciones no son didácticas para dar un panorama general de una sociedad en un determinado momento histórico. Es como las mujeres escritoras en el Siglo de Oro (por ejemplo), poca gente sabe que existen, pero haberlas, haylas. Una pena, sí, ¿pero quién dijo que el mundo fuera justo?
Qué bonito ejemplo de cómo mezclar churras con merinas y quedarse tan fresca.
Por cierto, si hacéis click aquí podéis leer algunas de las obras de A. Bueno.





*Sí, hago publicidad y ni siquiera estoy matriculada.