domingo, 29 de junio de 2008

Planes, planes, planes...

Mañana, por fin, llegan las tan ansiadas vacaciones. Cuando llevas desde octubre sin parar tienes muchas ganas de que lleguen. Ayer me enteré de que probablemente no haya viajes al extranjero, jo, después de ahorrar todo el año para ir Finlandia y que salga tan caro. Mi bolsillo de estudiante no se lo puede permitir. Quizá un fin de semana fuera en Lisboa o Londres que es lo más económico desde este mi puesto en el Norte. O volver a París... Lo malo de las capitales y ciudades famosas europeas es que están atestadas de guiris. Tengo un trauma del año pasado: cuando fui a Italia a ver a Bardini fui huyendo de la turba de alemanes que hay en... Alemania y me llevé una desagradable (y trágica) sorpresa al ver que en Venecia había más alemanes y españoles que italianos. Yo quería ver el escenario de La muerte en Venecia y estaba todo lleno de alemanes y japoneses con cámaras de fotos y españoles gritando. Nada de Aschenbach ni de Tadzio. Muy triste. Por eso no me apetece mucho ir de capitales europeas. Lo bueno de Londres es que tienen mucho material bibliográfico sobre temas interesantes, a parte de la mayoría de libros que quiero leer y que no están traducidos al español. Y también están los museos. Y los cuadros de corrientes artísticas que todo el mundo olvida y que tienen ese aire romántico que... ¿Debería haber nacido en el siglo XIX? Hubiera formado una colonia de artistas :D

viernes, 27 de junio de 2008

Haru no yuki II

Hoy por fin he terminado de leer Nieve de primavera. Queda un examen y seré libre, libre, libre. No voy a hablar de acabar la carrera y lo que eso supone en la vida de un filólogo con ese prometedor futuro lleno de trabajos apasionantes que nos espera ¡en unos meses! (apréciese la sutil ironía). Nada de bajones. Empiezan las vacaciones.
A lo que iba. Por fin me terminé las 465 páginas (en realidad, escritas son 458, empieza en la página 7) de Nieve de primavera y no veo el momento de comprarme el segundo volumen, Caballos desbocados. La portada es preciosa, el interior... no lo sé. Imagino que sí. Seguirán las observaciones del protagonista Honda. Me gusta la manera de narrar de Mishima, realmente no llegamos a darnos cuenta de que el narrador es Honda y no Mishima (me refiero al implícito), un procedimiento muy cervantino pero un contenido muy zen, muy oriental, paz, silencio. Lo he acabado casi cuando mis exámenes. En fin, os dejo una última cita:

"No podía olvidar que estas palabras se irían borrando de su memoria copo a copo, nieve de primavera bajo el sol."

Mein Gott, qué libro tan triste, buaaa.

martes, 24 de junio de 2008

lunes, 23 de junio de 2008

Haru no yuki

-Creo que me inclinaría a decir que el estilo de la Meiji está muriendo. ¿Pero cómo puedo saberlo? Vivir en medio de un era supone no participar conscientemente de su estilo. Tú y yo, entiéndeme, estamos inmersos en un estilo de vida determinado, pero somos como las carpas que nadan en un pecera sin ni siquiera darse cuenta de ello. Piensa en ti mismo: tuyo es todo un mundo de sentimientos. Tú apareces diferente a la mayoría, y estás completamente seguro de que jamás has permitido que tu personalidad quede comprometida. Sin embargo, no existe ningún medio de comprobar eso. El testimonio de tus contemporáneos no tiene el menor valor. ¿Quién lo sabe? Debe ser que tu mundo interior es en realidad el estilo de esta era en su forma más pura. Pero, otra vez, no hay forma de saberlo.
-Entonces, ¿quién decide?
-El tiempo




Esto dice Mishima en la primera parte de El mar de la fertilidad (Nieve de primavera). Me gusta Mishima desde que lo descubrí, a principios de carrera, por casualidad. Un libro El rumor del oleaje. Me gustan sus retratos costumbristas y la calma y contención de las emociones que transmite, los silencios, las miradas. Muy lírico, muy trágico. Es una de mis lecturas preferidas en épocas de estrés. Recomendado queda.

sábado, 21 de junio de 2008

Yo soy yo y mis circunstancias

Estos días he estado pensando mucho sobre quiénes somos, dónde vamos y de dónde venimos. Lo típico. Los exámenes, el final, el principio. A día de hoy parece que para mí principio y fin significan lo mismo. El fin de la carrera es el inicio de otra cosa, ¿qué cosa? No lo sé, we will see. Pensar en todo esto te hace recapitular y hacer una memoria de qué has hecho estos últimos cinco años. He estado releyendo mis relatos desde 2004 y es increíble pero sigo siendo yo, no puedo evitar ser yo en ellos. No importan los años, la madurez, las experiencias... No imporantan nada, yo sigo estando en el fondo del relato diciendo "yo soy así". Yo soy Michael Ende y María Gripe, Julio Cortázar y Mario Benedetti, Howard Phillip Lovecraft y Edgar Allan Poe, La colección naranja del barco de vapor y la Gran Angular de sm, soy Cátedra, Valdemar y Alianza, Huysmans y Mirbeau, y docenas de horas sentada en la playa sola devanándome los sesos sobre cómo escribir. Un acto estético lo de la playa, soy Wilde y Des Esseintes. También fui Madame Bovary y Raskolnikov, hace muchos años. Me encantó ser Margarita y volar sobre Moscú sin más vestido que mi piel, en busca del Maestro. Me encantó ser Bastian y recorrer Phantasien a lomos de Fuchur. Y me encantaron tantas otras cosas. Pero sigo siendo yo. Yo siempre. En el fondo del espejo.
Y sigo preguntándome quién soy.

viernes, 20 de junio de 2008

La "Neonueva" cuestión palpitante

Hace dos meses que no escribo nada aquí. Eso no quiere decir nada, claro. No me gusta escribir aquí porque esta reflexiones que normalmente escribo a boli me parecen absurdas al releerlas. Me gustaría que quedasen como la sección "Pensamiento" de alguna revista seria pero no es posible. Y otra cosa: yo no puedo evitar ser hija de mi tiempo. Ni tú.
Ayer empecé una conversación muy interesante con el pequeño Galaad, era sobre el devenir de la literatura. Somos muy pesimistas, lo sé. La red, la masificación nos hacen las cosas más difíciles a la vez que paradójicamente más cercanas. Se venden más libros, muchos más, pero los mismos títulos. Ya casi no se puede ir a la librería con la ilusión de encontrar un pequeño tesoro (he dicho casi). ¿Os habéis fijado la cantidad de librerías de viejo que están abriendo? Es la respuesta del lector asiduo a las pilas de Sombras del viento, de Pilares de la tierra, de Revertadas típicas que aguardan tras las puertas de las librerías. Ya no se puede encontrar teatro ni poesía. La librería Cervantes es un almacén, ya no es aquella acogedora librería que era cuando yo empecé la carrera y la acabo ya. Dos semanas (tal vez septiembre, pero no más). Sólo cinco años. Ahora, los adictos, como yo nos entretenemos en rebuscar en ferias del libro de ocasión y volvemos felices si encontramos un libro nuevecito sobre arte japonés o el número 170 (de 1986) de la Revista Litoral. Nos refugiamos en iberlibro, y en planear viajes a Madrid a comprar masivamente.
Otro de los temas que tratamos fueron los novísimos. No los post-generación del 50, sino los que empiezan ahora. Los que empezamos ahora. Y no nos gusta lo que vemos. Me gusta leer lo que escribe la gente de mi generación*, es curiosidad, todos sentimos curiosidad. Pero no me gusta lo que leo. No sé de dónde ha salido esa corriente que se dedica a cortar la realidad con pelos y señales, y si pone la palabra "follar", cuantas más veces mejor. Hay sinónimos, sabedlo. Los hay. Me aburrís, estoy harta de leer vuestras hazañas sexuales, me basta con las mías. ¿Dónde está ese "algo más" de la palabra escrita? ¿Dónde ese "algo más" que no se puede encontrar en cualquier serie norteamericana chunga? ¡Dejad de ver la tele! ¡No! Ya esta tarde, seguro que ya no la veis. Las poesías, los relatos escritos por grupos de universitarios me dan ganar de vomitar, sólo saben alabarse unos a otros y clavarse puñaladas por la espalda. O sin puñaladas, sin sangre (lo de la sangre era una idea divertida).
¿Cómo hemos llegado a esto? Nos hemos convertido en unos exhibicionistas. Ya no amamos el arte, amamos en voyeurismo. Mirar qué hacen los demás. Y vivir rápido morir joven y dejar un cadáver bonito, eso sigue ahí.
La cuestión palpitante del siglo XXI es que no hay tal cuestión.
Hemos perdido el norte.
Y el sur, el este y el oeste.

*Me guío por el criterio de los 15 años, es decir los que tienen entre 8 y 38


N.