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lunes, 1 de marzo de 2010

Mitologías modernas, vol. I: La inteligencia

Lo primero de todo será decir que no soy psicóloga, ni psiquiatra, ni nada por el estilo. Mis nociones de estos campos se reducen a un par de asignaturas que cursé durante mis estudios de doctorado, así que no soy una experta en la materia (repito para los que hayan llegado tarde: soy filóloga)y estos es más un reflexión personal desde mi propia experiencia.
Todo esto me viene por una cosa que me llama mucho la atención en las TV series que nos venden los yankees: la sublimación de la inteligencia como si fuera algo mesurable: "Oh, es que tengo un CI de 190 y por eso soy infeliz" o "por eso soy infalible en cualquier cosa que me proponga, eso sí soy un/a gilipollas integral, pero como soy so smart tengo impunidad". Es algo que siempre me ha llamado la atención, desde pequeña. Desde luego pienso que no es un actitud muy inteligente crear diversas clases de persona dependiendo de la inteligencia (que es algo, repito, que no está muy claro cómo funciona ni cómo se mide). Ayer, estaba rebozándome en el sofá a las tantas de la noche y me dio por ver House, el capítulo iba sobre un tipo que era tan, pero tan listo que tenía que drogarse para poder vivir feliz con su mujer; el buen señor, además, en sus ratos libres de dedicaba a diseñar medidores de partículas subatómicas por diversión. Lo peor no es lo absurdo de la historia sino que a todos los demás les parecía lo más normal (lo de drogarse para aguantar a su mujer). Llegaba un punto en el que el angelico le decía a uno de sus médicos algo como "verá, nuestro CI (el de su mujer y el suyo) se difencia en más de 91 puntos, hay menos diferencia entre ella y un mandril que entre ella y yo, ¿entiende cómo me siento?" y el médico tan feliz. Yo le hubiera partido la cara. Por lo visto lo superdotados norteamericanos son una especie de semidioses que están más evolucionados que resto de la especie, se les perdona todo y además no hacen caca ni se tiran pedos; acostarse con otro ser de su misma especie les resulta repulsivo porque ellos son demasiados listos para semejante bajeza. Éste es un ejemplo, pero no me digáis que no habéis visto un montón de cosas similares en diversas series y películas made in yankeeland.
Desde mi punto de vista ésta es una cuestión educacional, en España, creo recordar que saques lo que saques en el test de CI vas al cole con los demás niños (antes te adelantaban cursos, pero iban contra una socialización insana del /de la niño/a, no se hace desde los 80) para que aprendas que eres uno más, como el resto, porque ser más inteligente es una característica más de la persona y no la que define a un ser humano. No digo que vaya socializarse igual que el resto de los niños, se van a aburrir en clase, van a sacar malas notas hasta que descubran algo que los interese, van a sentirse solos, etc..., pero al menos son personas, no una especie de superhéroes de la mente del siglo XXI. Estoy intentando poner un ejemplo de personaje superinteligente español o europeo y no se me ocurre ninguno (que no sea paródico).
En fin, que ser más listo no te hace más valioso ni mejor persona y mucho menos hay que perdonártelo todo. Hay que luchar como el resto de los seres vivientes y con una trabas muy similares.

Ps. Por cierto, ahora que releo el texto, recuerdo que otra serie americana, Fringe, uno de los protagonistas (el del CI de 190) habla ochocientosmil idiomas y todo ello por ciencia infusa, como si por ser listo nacieras aprendido. Vale que es ficción, pero no sé, hay unos límites para el pacto de ficción con el receptor. Lo dice alguien que habla cuatro idiomas y tiene unos pocos punto menos en el dichosos test.

lunes, 8 de junio de 2009

Bajos instintos

Llevo más de una semana desaparecida del blog. Tiene una explicación, claro. Necesitaba desconectar de todo lo relacionado con estudios, trabajos, etc... Mi vida de siempre. Pero no nos engañemos ésa no es la verdadera razón. La verdad es que hasta la semana pasada yo llevaba una vida bastante ordenada: piscina, trabajo, lecturas, guitarra, quizá cine... Aún me queda un trabajo para terminar este primer año de postgrado. Pero el sábado pasado sucedió algo que lo cambió todo y yo no sabía que a mi edad me podían pasar estas cosas. Parece muy trascendental pero es una gilipollez: me pasado una semana completamente enganchada a un videojuego (me lo dejaron el sábado). No me lo puedo creer, pero no pude parar hasta que me lo acabé (hace escasa media hora). Ahora estoy triste porque se terminó, bububu. Es como drogarse: necesito más.
En fin, a ver si arranco esto de una vez.
Sí, una entrada frívola donde las haya, pero ha sido una semana totalmente desperdiciada. Maldito KotOR II.