miércoles, 8 de julio de 2009

Nocturno

Es curioso ver cómo a veces hay casualidades tan comunes como vistosas como ésta de hoy: hace exactamente un mes que no posteo nada. La última vez lo hice por sentimiento de culpa, hoy lo hago por necesidad. Tampoco estoy segura de si es realmente un necesidad o no hacer partícipes a mis lectores, si es que lo hay, de cómo me siento ahora. Sin embargo a veces es terapéutico compartir dolores, preocupaciones, pesadillas... Ayudan a olvidar, ayudan a razonar: al conocimiento se llega a través del diálogo, estoy convencida.
Ya estoy divagando, como siempre, -¡en esta habitación hay tanto ruido!- No sé cómo no me di cuenta hasta hoy: pasa un coche cada 10 segundos y a toda velocidad. Cuando en vez de un coche es una moto es aún peor ¡Dios, creo que odio las motos! Lo he sabido desde siempre, pero es la primera vez que pongo palabras a este sentimiento. Estoy completamente sola y no puedo dormir. Es la primera vez en dos años que me siento sola y estoy realmente sola: poder escaparme por aquí me consuela un poco, sin embargo no es sólo la sensación de soledad ni el ruido del tráfico lo que no me dejan dormir. Me alegro de haber traído este portátil, el mío no me deja conectarme piratamente como estoy ahora.
Como decía, lo que me quita el sueño -ahora que ya he divagado un rato parece más fácil decirlo, ya no tengo un nudo en la garganta- es el futuro. No el futuro de mañana (¿o debería decir hoy?) sino el de dentro de un año, de dos o de cinco. Me da pánico pensar en que tendré que conformarme, no quiero conformarme; pero a veces no importa que luches con manos y pies porque la corriente es demasiado densa y no te deja avanzar. Hay que buscar otras salidas. Cuáles. Parece que me empeño en aprender de una vez por todas que los sueños e ilusiones están ahí para eso: mirarlos y pensar "sería tan bonito que..." o "me gustaría tanto cual..." y ya. Podernos dormir con una sonrisa en los labios y arontar de mejor talante el día siguiente. ¿Pesimista? Tal vez, pero está claro que a muchos de nosotros la vida nos enseña que no nos queda otro remedio sino el camino estrecho. No existe no justo ni lo injusto: tienes lo que buscar y a veces yo tengo tanto miedo que prefiero cerrar los ojos y no buscar.
Otra vez tengo ganas de mandarlo todo al cuerno y buscarme un trabajo de verdad: pasarse el verano trabajando para nada y sin cobrar duro realmente no merece la pena y ya puestos, podría hacer unas vacaciones de verdad y dejarme de insensateces. Quizá sea cierto eso de que "el que vale, vale y el que no..."