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sábado, 16 de mayo de 2009

Cómos y porqués

Si este trasto me dejase poner subtítulos, el de este texto sería algo así como: "de cómo y por qué llegué hasta aquí". Con "hasta aquí" no me refiero a este blog, porque esto va a ser un crónica de mi último año y este blog tiene más tiempo. "Hasta aquí" se refiere a todo lo que he aprendido a lo largo de este año que está casi a punto de cerrarse.
Por supuesto, este año ha aportado muchas cosas, pero esto no es, ni muhco menos, un final de ciclo definitivo. Dentro de unos meses tendré opiniones y puntos de vista nuevos. Si hay algo que he aprendido en estos tres o cuatro últimos años es que nunca se deja ni de aprender ni de empezar de nuevo.
Quería articular el texto un poco a la manera de double voiced discourse, de manera que mi relato vital quedase un poco literario. Lo literario, le pese a quien le pese, se lee mucho mejor y a mí me gusta que al leerme se me entienda (que no "comprenda" o "comparta mi punto de vista"). De todos modos, lo del double voiced discourse no debe enterdese sensu stricto porque la teorías sólo son para o bien aplicarlas o bien adaptarlas a tus propios fines, al menos la teorías literarias. Yo quiero contar mi experiencia post-fin de carrera para quien le pueda servir/interesar.
En realidad es mucho más complicado que contar sólo lo ocurrido el último año, que no es poco. Todo tiene un origen más profundo y mentiría si dijese que todo empezó hace un año. Para ser sincera no estoy segura de cuál es el principio, así que contaré por alto lo que se me vaya ocurriendo. Sí, esto también es un stream of consciousness. A los seis años decidí que mi color preferido era el azul, a las demás niñas les parecía muy raro porque el azul "era un color de niño". Yo no veía la diferencia entre que te gustara el azul o el verde, si eso tenía o no connotaciones de diferencia genérica. He sido siempre un niña rara, lo reconozco. A veces con voluntad de serlo, otras inconscientemente. También he sido una adolescente rara que se compraba ropa de muchacho porque le gustaba más que la muchacha. A mis amigas les parecía raro, pero una vez con la ropa puesta a nadie le chocaba ni yo parecía un chico. La vida está llena de símbolos y rituales: a nadie le parecía rara mi camiseta amplia hasta que veían a un chico que llevaba igual. Si no lo veían, sólo era una camiseta, si lo veían, yo iba travestida. Símbolos.
Hace unos años, cuando aún estaba empezando la carrera, me compré un libro sobre teorías críticas/literarias contemporáneas. Me gustó mucho porque daba un panorama general muy bien explicado. En ese libro se hablaba de la teoría feminista por la que yo siempre he sentido simpatía, pero que no siempre he llegado a comprender del todo. Sentí curiosidad y me compré El segundo sexo, me gustó mucho pero me gané las burlas de much@s compañer@s que me hicieron las típica broma de la quema de sujetadores. Les diré una cosa si están leyendo esto: esa anécdota no existió nunca, lo único que se tiró fue, simbólicamente, un sujetador a la basura. Nada de fogatas. A pesar de todo, es interesante ver cómo se ha formado el mito de femiista quema-sujetadores y sin depilar. Todo mentira, si yo no me depilo (que lo hago a veces) es más por comodidad que por principios. Me da pereza y duele. Sólo lo hago para ir a la playa o a nadar, que se va mucho más a gusto sin pelos. Es todo una cuestión de elección, cada una/o se depila cuando quiere. Cada una/o hace con su cuerpo lo que quiere. Mi cuerpo es mío.
Hace algo más de un año, una profesora nos comentó a los siete que íbamos a clase que la universidad organizaba un máster sobre Estudios de Género y nos dio el folleto. Confieso que a todos nos sonó de buenas a primeras a moralina política aunque debido a que todos (los siete) teníamos en gran estima a la profesora leímos amablemente el folleto. A mí me pareció interesantísimo, pero tenía muchas dudas. ¿No era mejor hacer el doctorado de toda la vida? El máster duraba dos años en vez de uno y tenía 120 créditos frente a los 30 del doctorado. Exigía mucho más, pero también tenía algo interesante: estancia de un semestre en un país que no fuera España. ¿Qué quería hacer yo? ¿No era eso huir un año más de la decisión sobre qué hacer con la tesis doctoral? No sé si aún hoy estoy preparada para saberlo. No tengo ni idea.
Al final, claro está, acabé haciendo el máster, que me trae a ún hoy muchos quebraderos de cabeza burocráticos. De hecho, aún me queda la estancia de seis meses en UK (que fue lo que elegí). Sin embargo no me arrepiento, en general, de haber decidido dedicarme a Estudios de Género. Realmente he aprendido muchas, muchísimas cosas que no hubiera aprendido si no lo hubiera hecho. Aún es pronto para saber el alcance. Ha habido momentos buenos y malos, como todo en esta vida y confieso, además, que mucho de lo que aprendí fue más por mi cuenta que por las magistrales clases impartidas (que algunas sí fueron realmente buenas, todo hay que decirlo). Sí, puedo decir, que a nivel personal, he abierto todo un mundo de posibilidades. A nivel profesional no tanto, nunca se sabe cómo acertar :)
Ahora sólo queda esperar lo que venga. Aprovechar y seguir yendo hacia delante, como siempre, una y otra vez. Positivamente y negativamente dependiendo del momento. No me gusta cómo ha acabado este texto, pero me tengo que ir a preparar la comida. Ha queda muy happy, y en realidad no era eso lo que quería transmitir, también estoy decepcionada porque he aprendido sola, pero también es bueno que te enseñen.

sábado, 24 de enero de 2009

Las paso destejiendo (Boceto para un relato)

Sí, claro que te contaré mi historia. Me alegra que quieras oírla, que yo recuerde nunca nadie me había preguntado antes. ¡Por supuesto que no es ninguna molestia! Me halaga que preguntes... ¡Pero siéntate, acomódate! Dejaré mi labor de punto: aquí las agujas y aquí el ovillo, que no se enrede. Muy bien, muy bien... ¿Por dónde empezar? ¡Ah, sí! Por el principio...

Como vez, ahora soy una anciana de cabello plateado, sin embargo en otro tiempo fui joven, muy joven y... ¿Hermosa? ¡No! Hermosa no, o tal vez lo fuera, la belleza está en los ojos del que mira. Como te decía, una vez fui joven, noble e idealista y creí que podría cambiar el mundo con mis acciones. Al final el mundo me cambió a mí, pobre ingenua que fui. Mi familia era noble y rica -de esto hace ya muchos años-, mi padre tenía fama de ser un sabio gobernador, esto, pienso yo, depende para quién. Mi madre era una santa todo el día en casa teniendo hijos, tuve siete hermanos: cinco mayores y dos más pequeños. Algunos de mis hermanos tuvieron un futuro que los hizo célebres, pero sobre todo, el más famoso fue mi hermano pequeño. El pobre, nació terriblemente deforme, cosa que a mi padre no le gustó: acusó a mi madre de serle infiel -porque él no podía haber engendrado semejante ser, él, El Perfecto, no-. Ordenó que se ocultara su nacimiento, escondió al niño de las miradas ajenas, lo alimentábamos dejándole la comida en la entrada de su guarida, el pobre creció como un animal. O eso quería en mi padre. Yo siempre me quedaba un rato con él, era un niño muy listo, todo un filósofo. Y sufría mucho, no entendía por qué era tratado así, aún así no nos odiaba.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sie können den Weg züruck... (ein Mal)

Mem. Las aguas, las aguas, las aguas... Todo fluye hacia las aguas, la respuesta está en las aguas: somos dos peces nadando en el mismo mar (año tras año). Todo son lágrimas, resplandece mortecinamente la ciudad a nuestros pies. Praga, eres agua, río, lluvia, lágrimas, fluir: Onda expansiva. ¿Aguantará el dolor? -Bajemos, -repite Marina -bajemos ya, por favor. -Y el sollozo, siempre a las puertas, pugna por salir una y otra vez.






B. Lago (2005-2008)

lunes, 20 de octubre de 2008

Sie können den Weg züruck - El camino de vuelta (usted lo conoce)

Amor
¿Alfanje? ¿Fuego?
Más simple, sin tanto ruido.


Alef. Marina pisa la calle. Primero ha sacado un piececito del portal y después el otro. Marina se coloca la falda discretamente y se acomoda el abrigo. Marina teme. El cielo, cubierto de herrumbre, presagia tormenta –¡cuán romántico! –Marina aspira hondo, se aparta el flequillo del rostro; empieza a caminar. Menos veinte, puntual. Praga se ilumina súbitamente: un relámpago. Un carro pasa cerca y Marina es salpicada. Marina corre a menos cuarto ¡corre, Marina! ¿Puntual? Sus piernas se mueven rítmicamente mientras el tiempo se encarga de mover la calle a su alrededor. Marina se atraganta y tose y llora y tose… y llueve, llueve mucho. Un anciano le pregunta si está bien “Gracias, en seguida se me pasa” contesta Marina. Son ya las seis y Él puntual como siempre, en la esquina de siempre. Un codo salido de la multitud se clava en las costillas de Marina, una bocina chilla airada ¡muévanse, interrumpen el tráfico! Todo o nada, Marina sonríe un poco triste y Él la mira un poco más triste que de costumbre. Un beso de madera. ¡Amor, Amor! ¡Tú que vives y reinas per saecula saeculorum! grita una de las Marinas. ¡Diluvio! ¡Catástrofe! ¡Huracán! ¡Holocausto! grita la otra. Konstantín dice: “Vamos a casa”.

Bet. ¿A casa? Desasosiego. Marina retrocede y abre los ojos con desmesura. ¿A casa? repite ella. La frase queda flotando en el aire unos instantes, después asciende sobre sus cabezas. No hay casa para nosotros. Marina agacha la cabeza. -Sí, aquí mismo, a diez pasos,- dice Konstantín. –Vamos,- y la coge de la mano. -¡Oh, Kostya! Si tú supieras… -Dos lágrimas de lluvia recorren el rostro de Marina. Konstantín la abraza, -No pienses tanto en ello.- Está bien.

Guimel. En el muelle, olas. Las barquitas, indefensas, luchan contra las olas, pero éstas nunca son lo bastante altas. Un hombre trata de sacar del agua la suya sin conseguirlo, le sangran las manos. -Tú y yo deberíamos, -se calla Marina y se agarra con fuerza a Konstantín. El agua se revuelve en el lecho del río. -Vamos a casa, querida. -El Moldava se retuerce en su lecho, quiere huir de él. Marina agarra con fuerza el brazo de Konstatín. Unas calles más adelante una luz resiste aún la furia de Zeus, una feria, una fiesta. Moldava manifiesta su enfado. No habrá fiesta, no habrá fiesta… No y no. -Vayamos a casa, querida, -insiste Konstantín, pero Marina no le oye. -Tú y yo deberíamos…, -retumba una voz en ella. -¿Marina? -No, caminemos. -Tú y yo deberíamos… -¿Tendremos valor?

Dalet. La luz se hace mayor a medida que se adentran de nuevo en la ciudad. Cogidos del brazo parecen un matrimonio de ancianos o las dos partes de un árbol que se entrelaza desde en tronco, Filemón y Baucis. El barullo de la gente aumenta y los turba. Una joven esposa es llevada hacia una hermosa calesa del brazo del nuevo recién casado. La muchacha, quinceañera núbil, sonríe y su esposo, sesentón, la ayuda a sentarse. El conductor tira de las riendas del caballo castaño y salen despacio entre vítores de viva-los-novios. Marina duda mucho que vivan, al menos él, sonríe con ironía para sí. Konstantín dice que deberían hablar. Por fin. -¿Tendremos valor? -un resto de serpentina de engancha en el tacón de su bota.

He. Konstantín suspira y Marina sabe que ha de ser ella la primera que hable. -¿Ya no me quieres? -Sí, ­­—asevera él, —te quiero. -No, no es cierto, no me quieres. -Me siento cansado... -¿Lo ves? Ya no me quieres. -…triste, consumido… -¿Es esto nuestra casa? -La casa está en nosotros.
Qué hermosas palabras. Qué hermosas. Y qué será de mí si tú te vas, querido. Qué. Para quién serán mis poemas, para quién mis alegrías, y para quién mis llantos. No volveré a escribir. Quemaré mis diarios, quemaré mis plumas, tiraré la tinta al río, sí. Así que el Amor era esto.
-Por favor, usted primero. Marina entra en el café y se dirige al fondo, a la mesa de siempre, entre la sombras, fuera de la vista de miradas indiscretas. Una punzada: Serguéi. Konstantín pide dos cafés a la camarera; mientras esperan, tamborilea con los dedos en la mesa. -Vámonos, -Konstantín, ceñudo acelera el ritmo del tamborileo. Marina le mira apenada. -Vámonos -insiste. -Prefiero morir. -¡Basta ya! -Basta ya… Basta ya de banalidades, de viaje, de versos, de tranvías. ¿El Amor era esto? -El Amor significa la Vida. -No, otro nombre le daban los Antiguos. -¿Nos vamos? -¿Dónde? Elige: precipicio, bala, veneno… Muramos. -Yo prefiero la vida. -Rompamos pues.

Vav. Yo no quería esto, de veras. Yo quería sentir… y siento, gracias Kostya, siento, jirón desgarrado de mi alma, cómo revuelves mis entrañas lentamente. Sí, galante embustero, te atreves a regalarme el arma con que me mataste, te atreves a hacer que me crea dueña y señora de estas tierras cuando ya no valen nada. —Eres la primera que se me adelanta en la ruptura. —¡Ah, cruel mentiroso! Te ríes cordial y yo me muero. ¡Por favor! No hables de mí a las que me sucedan. No volveré a escribir, no quiero dramas. Me muerdo los labios, nos herimos, no lloramos. No, no lloramos, en canto y ceniza enterramos al muerto.
-Voy –Marina tiene que llorar -¡No me mires, camina! -La lluvia por fin.
El honor del fin. Por fin. La primera bailarina queda sola en el escenario y se encoge sobre sí misma. Me muerdo los labios, lo más duro en lo más tierno. No voy a llorar ¿cómo lograr que las lágrimas retornen a los ojos? No voy a llorar, no estoy llorando. ¿Así que seremos como hermanos? Tu risa, saeta de fuego, ceniza de la hermana, muerta, ríe aún. Hermanos.

Zayin. El río de nuevo. Se re-tuer-ce, el río sigue llorando. Hacia dentro. Los ojos de Marina se posan en el muelle. Las lágrimas de Marina se posan en el suelo, en su tumba de barro y piedras. Konstantín se para un par de metros por delante y a mira y ella al río. Él hace un gesto con el brazo, va a tocarla pero se arrepiente en el camino y brazo vuelve a su lugar como muerto. Él también tiene ganas de llorar pero aguanta. ¿Acaso deben separarse si se aman? No. No se aman y Kostya lo sabe. Lo supo todo desde el principio pero... Pensó que ella no... Creyó que nunca... La mente a veces juega malas pasadas, sobre todo a aquello quienes tratan de jugar al oráculo. Marina, Marina, qué triste te veo y qué poco arrepentida. ¿Volverá…? -Tómame del brazo, no andemos como presos. -Y una chispa. Konstantín teme a Marina. -No hay muelles que acaben así. -Un coche fúnebre pasa raudo y les salpica. Marina cierra los ojos y respira hondo, luego sonríe y más tarde llora. Me quema tu hielo, me aprietas el alma con unas tijeras abiertas y arrojas esquirlas de hierro a mi corazón. -Vamos a casa, querida. Será la última vez, Amor.

Jhet. Delante el último puente, paso del Leteo que dirían los Antiguos. –Págame -exige Caronte con su cara macilenta. Abajo el río, el Moldava, Leteo de turbias aguas, enreda sus olas como crueles dedos en los remos de la barquichuela… -Págame -repite Caronte con su cara oscura, satélite muerto. Cerbero gruñe allá lejos. ¿Cerbero existe? Puente.
Puente. Pasión de los amantes sin esperanza. ¿Qué buscas, oh, Perséfone? Marina se acurruca en el lado derecho de Konstantín. Calor, Lluvia. Muerte. Tal vez si ahora… El puente no es demasiado alto. Una chispa, tu costado en el mío. En el mío cobra vida tu costado. Un nudo nos ata. ¿Me tiro abajo? No, dejaría tu mano. Puente, no marido, amante y desencuentro. Puente, dime que sueño, que abajo, en tu vacío me despeño, dime, Puente, que llegará el día que el alba me devolverá mi lucero y que la mañana… Dime que no es cierto, dime que no tienes ni tendrás… Fin.
-¿Aquí? -De acuerdo -dice ella. -Lo acepto -dice él.

Tet. Oh, calla y escucha, la fábrica no duerme, ninguno debería dormir. Nunca. Calla. Te diré el secreto que nunca debí conocer: yo no soy sino un animal herido en vientre. Se esfumó mi alma. Sólo el cuerpo que ya no quiere ser cuerpo, quiere morir. -Perdóname, no quería… -No importa, no llores, Marina, no llores. Somos los peones del tablero, alguien va jugando con nosotros ¿Quién? Konstantín apaga su cigarrillo contra el suelo y lo pisa cuidadosamente. -Qué lejos estás ya.

Yod. Y de nuevo al principio: la Esquina de Siempre. Y la calle, el café. Nuestro café, nuestra calle, ya no es nuestra: es tuya o mía. ¿Nosotros? Qué absurdo. Recuerdo que la dueña… Aquel aroma, el café sin sabor, aguado. La dueña… “¡Vivid, jóvenes! Vosotros que aún podéis” Estaba escrito en su cofia planchada a la holandesa. Mañana saldrá el sol por el oeste y ¿cuál será nuestra gesta? Ruptura. ¡Qué estúpido muro de siete letras! Arutpur. ¿Se ríe de nosotros? ¡Ah, no, estúpida! No sabe que nosotros ya no existimos. Suenan las trompetas de Apocalipsis, ¡Ruptura! ¡Ruptura! ¿Qué significa separación? Se oye cantar un cisne allá en el río. Jeder Engel ist schrecklich. Konstantín camina ensimismado. -Ya no… ¿Entonces? -No lo sé. Está claro: separarse es no compartir. Mas fudidos quedamos tú y yo.

Caf. El día se acaba. La cima de la montaña Smíchov relumbra en violeta y plomo. Ruptura. La lluvia ya no cae tan pesada sobre sus cabezas, o eso le parece a Marina. Un tajo limpio. Ruptura. Ojalá se acabara así el día: un chispazo y la aurora. Sutura. Ni un gesto: la herida podría abrirse, cada punto se ha grabado en mi memoria como destello de dolor. Pero es un herida limpia, sólo su rastro en la memoria algunas veces, como un olor conocido e ilocalizable. - ¿A la cima? -pregunta Konstantín, -¡Por última vez! -asiente Marina.

Lamed. Fuera, ¡fuera!, allá lejos... Campos, algún vallado, sólo existen los arrabales. Una luz mortecina ilumina los restos del día. Tendrán que bajar ciegos, primero la oscuridad y luego renacer: así empieza la oscura narración de los tiempos. El juego está perdido, jaque mate, ¡arrásalo todo, diluvio! ¡Dios mío! ¿Es esto acaso una prueba? Huyamos, amor. ¿No es más digno andar errante? Exilio: infinito regreso, la luz. Quedarse quietos es desaparecer; desaparecer, perpetuarse. La lluvia sigue cayendo fina y ya imperceptible a los ojos del otro. Si no pueden verse ¿existen las lágrimas que les arrasan el rostro? -Despacio, -dice Marina, -bajemos.

domingo, 28 de septiembre de 2008

"R" (¿quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos?)

Desde aquí arriba puedo ver muchas cosas: puedo ver, por ejemplo las montañas haciendo del horizonte un cuchillo de sierra, un pequeño estanque, los pájaros volar en el cielo... A veces siento lejana la voz de mi otro yo, una voz alegre unas veces, triste, profunda, áspera otras. No la envidio. A ella, la libre, yo también soy libre de un modo muy retorcido. He hecho de mi vida lo que he querido sin que otros mandasen en mí. Yo sé. A la otra le gustaría muchas veces ocupar mi lugar, mi puesto de eterna vigía en lo alto de esta torre sin puertas. Mi torre. Mi Torre de Marfil. Sola, sola como la Luna: para siempre y libre. Libre de imaginar vidas ajenas, que podrían haber sido la mía: me concentro y veo un banco con un zorro dibujado. Está en una pequeña plazuela detrás de la Casa de Holanda, en el corazón de la ciudad; si caminas recto y giras a la derecha puedes ver la iglesia de San Lamberto con su aguja tan negra... Me cruzo con una panda de muchachos -Guten Tag!- Me dicen y yo sonrío. O tal vez cojo un bateau-mouche por la noche, cerca de Île-de-France y veo las luces a ambos lados del río. Las luces... Luego vuelvo a estar aquí, de nuevo ¡y libre! ¡Las princesa no está triste! ¡No hay suspiros que se escapen! Yo, Rapunzel, nunca fui tan feliz como el día que me corté las trenzas.




¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Por qué me parece que otra persona escribió el texto? ¿Por qué ya no soy como era hace un año? ¿Quién era y quién seré?

martes, 8 de abril de 2008

Doble, triple... personalidad

Pues sí. Tenemos muchas personalidades. Y no hablo de esquizofrénicos ni de gente con trastorno bipolar (que haberlos haylos). Hace unas semanas, leí un artículo de Francisco Nieva, de 1996 en el que reflexiona sobre la múltiple personalidad, pero no casos clínicos sino la de cada uno. Cada uno somos nosotros mismos y el que mostramos a los demás, dice él. Yo digo que somos incluso tres, creer conocerse a la perfección es ser ingenuo, es decir que somos el que creemos ser, el que los demás creen que somos y el que realmente somos. Hace mucho tiempo escribí un relato sobre este tema, con esa misma frase, pero me da vergüenza colgarlo y además no sé muy por dónde anda (es anterior a este portátil desde el que escribo). El caso es que no soy la única que ha escrito sobre las múltiples personalidades de cada uno (estaría bonito), han sido muchos grandes maestros los que han escrito cosas como La otra muerte (Borges), Lejana, Axolotl, La noche boca arriba, Instrucciones para John Howell (Cortázar), La obra maestra desconocida (Balzac)... Y bueno muchos otros, no voy a seguir (más que nada porque así, sin pensar mucho, no se me ocurren más). El caso es que tener muchas personalidades nos vuelve locos y acabamos quemando nuestra casa, como Frenhofer, o creyéndonos un personaje de una obra de teatro, nos proyectamos en otro "yo" y somos nosotros a la vez que no lo somos. Y eso nos da miedo. Nos da miedo mirarnos en el espejo y ver el cuadro de Dorian Grey que dice Nieva, ver que ya no somos nosotros sino la imagen que los demás tienen de nosotros. Ver que tu último deseo es ser famoso y eres Cobain, símbolo de una generación...

sábado, 2 de febrero de 2008

La mujer invisible

"No quiero verte jamás" me dijiste, jamás, qué palabra. "No quiero verte jamás" me dijiste y yo me reí "Ten cuidado con lo que deseas porque puedes conseguirlo" canturreé. Te fuiste justo después sin decir ni palabra à la mode française. "Adiós" dije yo en voz baja. Me entristeció bastante esta despedida, pero luego pensé que bueno, la vida era así: un ir y venir de personas. Decidí hacerme invisible para ahorrarte el sufrimiento de verme todos los días, ¿sabías? era inevitable, nos veríamos aunque no quisiéramos. Por eso quise desaparecer, para que pudieses olvidarme.El primer día fue muy difícil, estuve tres horas concentrándome en desaparecer, pero no había forma, era demasiado complicado. Durante la cuarta hora logré hacer desaparecer mi pie izquierdo. -Buf- suspiré... Me tumbé en la cama y me quedé dormida. Los días posteriores fueron algo más fáciles, logré hacerme desaparecer hasta la cintura. Fueron semanas en las que usé leotardos, para que no se notase demasiado. Después estuve un tiempo sin poder hacer nada. La gente me miraba raro: esa chica que lleva medias en pleno agosto... Un día oí a mis padres comentar en la cocina "La niña ha chiflado". Y me moría de calor, pero todo sea por la causa. Un día te encontré en una calle que no solías frecuentar y apartaste la mirada, malo, más que malo. A mí se me rompió el corazón así que decidí que lo mejor sería hacerlo desaparecer ¿para qué quería yo un corazón roto? Mejor uno nuevo. A partir de entonces todo fue mucho más sencillo, logré hacerme desaparecer hasta el cuello, el otoño hacía su entrada con fuerza y yo me ponía jerseys de cuello alto. Y guantes. Pero un día me dí cuenta de que estaba avocada a desaparecer y ya no volvería a ser yo. Me arrepentí de todo. Traté de volver a hacerme visible, pero fue imposible, mi desesperación me llevó a tomar una decisión, drástica, cómo no...



Y no, no tiene nada que ver con el cuento de Mary Shelley, de hecho este cuento lo escribí hace dos años cuando aún no había leído La joven invisible que es el título de la traducción de dicho cuento de 1833

martes, 29 de enero de 2008

Era miércoles por la mañana y por azares de la vida no tenía que ir al trabajo. Sé que mientras desayunaba sonó el timbre y al abrir la puerta se encontró con un hombre de un servicio privado de mensajería. El mensajero traía un paquete de Wahlheim, Baviera. Su remitente era alguien a quien no reconoció pero también había un sobre, lo abrió y leyó la carta que había dentro. Por lo visto su tío abuelo Wolfram, del que hacía años que no sabía, había muerto y le había dejado en herencia una pequeña suma de dinero y lo que contenía el paralelepípedo paquete. La carta la firmaba el albacea de su testamento, un tal Gottfried Hahn, ni idea. No pudo contener la curiosidad y rasgó el acolchado papel marrón…
Y allí estaba.
Sí, era el cuadro y no se lo podía creer. Aquel. Tuvo que sentarse. Cerró los ojos e inspiró profundamente, cuando los abrió… El cuadro seguía allí y el hombre retratado le miraba como riéndose con su único ojo grotescamente abierto y su verde sonrisa sin labios. Cerró los ojos otra vez… El hombre del retrato tenía una mano adelantada esta vez, quería salir, reía, “sí, estoy aquí, contigo otra vez”. El desayuno se revolvió en su estómago e instintivamente se llevó una mano a la boca. Él y el hombre del cuadro se sostuvieron las miradas desafiándose. Finalmente, él, que era más fuerte, colocó el cuadro de cara a la pared y siguió obstinadamente con su desayuno. Al terminar se dirigió al fregadero y lavó los platos. Recogió todo y cogió el cuadro. Bajó al sótano y, asegurándose de que todas las puertas estaban cerradas, roció el cuadro con gasolina y lo quemó. Se oyó una carcajada espantosa y todo se volvió de color llamas.
En el hospital la familia le visita. ¿Familia? ¡Una panda de raposas, eso es lo que son! Vienen por el dinero, una casa grande... Él no tiene hijos y ahora está vendado de los pies a la cabeza. Nadie sabe si logrará sobrevivir. Una de las sobrinas trae a su hijita con ella, la niña se acerca a la cama y pregunta - ¿Por qué tito Stefan sólo tiene un ojo? -Y tito Stefan sonríe debajo de las vendas con una verde sonrisa sin labios...

El rumor del oleaje

Realmente existe poca información sobre el estado en el que el Shiosai atracó en el puerto. Estuvo mucho tiempo con aquella bandera de cuarentena ondeando y no se veían indicios de vida en el exterior. Al menos no las veces que pasé por delante: una vez por la mañana de camino al trabajo, otra vez por la tarde de vuelta a casa. No sabría decirte cuánto tiempo estuvo allí. Puede que fueran meses o puede que sólo días. Una vez un periodista que escribía en el periódico local me dijo que sólo habían sacado al capitán, un tal Hohemberg, alemán o tal vez danés. El buen hombre apenas sobrevivió unos días al desembarco, del resto de la tripulación no se supo nada. Aquí, en este pueblo perdido, de esta isla perdida somos gente de pueblo y no nos llegan noticias del exterior. Corrieron muchos rumores, que si una tormenta, que si el triángulo de las Bermudas, si el capitán se había vuelto loco y los había degollado mientras deliraba en un idioma extraño... Incluso llegó a hablarse del diablo, de Davy Jones y de la llamada de un tal Cutulu o no sé qué. Todos en este pueblo recordamos la llegada del Shiosai, venía del Caribe, de no sé qué negocios. Estuvo varios días navegando a la deriva y nadie contestaba. Pero sobre todo la recordamos porque ese día todos... Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'naglfhtagn. Y es que los habitantes de R'lyeh tenemos un sentido del humor muy nuestro.