domingo, 26 de octubre de 2008

Ser y tiempo

Parón de casi una semana. No tengo tiempo para mi "ser-cibernético", pilas de artículos me esperan, el máster prima y pedir becas y la tesina y los 60 kilómetros diarios. Demasiados proyectos, demasiado poco tiempo. Algo tenía que descuidar, ¿no? Uf, Qué cansada estoy y eso que es domingo.

lunes, 20 de octubre de 2008

Sie können den Weg züruck - El camino de vuelta (usted lo conoce)

Amor
¿Alfanje? ¿Fuego?
Más simple, sin tanto ruido.


Alef. Marina pisa la calle. Primero ha sacado un piececito del portal y después el otro. Marina se coloca la falda discretamente y se acomoda el abrigo. Marina teme. El cielo, cubierto de herrumbre, presagia tormenta –¡cuán romántico! –Marina aspira hondo, se aparta el flequillo del rostro; empieza a caminar. Menos veinte, puntual. Praga se ilumina súbitamente: un relámpago. Un carro pasa cerca y Marina es salpicada. Marina corre a menos cuarto ¡corre, Marina! ¿Puntual? Sus piernas se mueven rítmicamente mientras el tiempo se encarga de mover la calle a su alrededor. Marina se atraganta y tose y llora y tose… y llueve, llueve mucho. Un anciano le pregunta si está bien “Gracias, en seguida se me pasa” contesta Marina. Son ya las seis y Él puntual como siempre, en la esquina de siempre. Un codo salido de la multitud se clava en las costillas de Marina, una bocina chilla airada ¡muévanse, interrumpen el tráfico! Todo o nada, Marina sonríe un poco triste y Él la mira un poco más triste que de costumbre. Un beso de madera. ¡Amor, Amor! ¡Tú que vives y reinas per saecula saeculorum! grita una de las Marinas. ¡Diluvio! ¡Catástrofe! ¡Huracán! ¡Holocausto! grita la otra. Konstantín dice: “Vamos a casa”.

Bet. ¿A casa? Desasosiego. Marina retrocede y abre los ojos con desmesura. ¿A casa? repite ella. La frase queda flotando en el aire unos instantes, después asciende sobre sus cabezas. No hay casa para nosotros. Marina agacha la cabeza. -Sí, aquí mismo, a diez pasos,- dice Konstantín. –Vamos,- y la coge de la mano. -¡Oh, Kostya! Si tú supieras… -Dos lágrimas de lluvia recorren el rostro de Marina. Konstantín la abraza, -No pienses tanto en ello.- Está bien.

Guimel. En el muelle, olas. Las barquitas, indefensas, luchan contra las olas, pero éstas nunca son lo bastante altas. Un hombre trata de sacar del agua la suya sin conseguirlo, le sangran las manos. -Tú y yo deberíamos, -se calla Marina y se agarra con fuerza a Konstantín. El agua se revuelve en el lecho del río. -Vamos a casa, querida. -El Moldava se retuerce en su lecho, quiere huir de él. Marina agarra con fuerza el brazo de Konstatín. Unas calles más adelante una luz resiste aún la furia de Zeus, una feria, una fiesta. Moldava manifiesta su enfado. No habrá fiesta, no habrá fiesta… No y no. -Vayamos a casa, querida, -insiste Konstantín, pero Marina no le oye. -Tú y yo deberíamos…, -retumba una voz en ella. -¿Marina? -No, caminemos. -Tú y yo deberíamos… -¿Tendremos valor?

Dalet. La luz se hace mayor a medida que se adentran de nuevo en la ciudad. Cogidos del brazo parecen un matrimonio de ancianos o las dos partes de un árbol que se entrelaza desde en tronco, Filemón y Baucis. El barullo de la gente aumenta y los turba. Una joven esposa es llevada hacia una hermosa calesa del brazo del nuevo recién casado. La muchacha, quinceañera núbil, sonríe y su esposo, sesentón, la ayuda a sentarse. El conductor tira de las riendas del caballo castaño y salen despacio entre vítores de viva-los-novios. Marina duda mucho que vivan, al menos él, sonríe con ironía para sí. Konstantín dice que deberían hablar. Por fin. -¿Tendremos valor? -un resto de serpentina de engancha en el tacón de su bota.

He. Konstantín suspira y Marina sabe que ha de ser ella la primera que hable. -¿Ya no me quieres? -Sí, ­­—asevera él, —te quiero. -No, no es cierto, no me quieres. -Me siento cansado... -¿Lo ves? Ya no me quieres. -…triste, consumido… -¿Es esto nuestra casa? -La casa está en nosotros.
Qué hermosas palabras. Qué hermosas. Y qué será de mí si tú te vas, querido. Qué. Para quién serán mis poemas, para quién mis alegrías, y para quién mis llantos. No volveré a escribir. Quemaré mis diarios, quemaré mis plumas, tiraré la tinta al río, sí. Así que el Amor era esto.
-Por favor, usted primero. Marina entra en el café y se dirige al fondo, a la mesa de siempre, entre la sombras, fuera de la vista de miradas indiscretas. Una punzada: Serguéi. Konstantín pide dos cafés a la camarera; mientras esperan, tamborilea con los dedos en la mesa. -Vámonos, -Konstantín, ceñudo acelera el ritmo del tamborileo. Marina le mira apenada. -Vámonos -insiste. -Prefiero morir. -¡Basta ya! -Basta ya… Basta ya de banalidades, de viaje, de versos, de tranvías. ¿El Amor era esto? -El Amor significa la Vida. -No, otro nombre le daban los Antiguos. -¿Nos vamos? -¿Dónde? Elige: precipicio, bala, veneno… Muramos. -Yo prefiero la vida. -Rompamos pues.

Vav. Yo no quería esto, de veras. Yo quería sentir… y siento, gracias Kostya, siento, jirón desgarrado de mi alma, cómo revuelves mis entrañas lentamente. Sí, galante embustero, te atreves a regalarme el arma con que me mataste, te atreves a hacer que me crea dueña y señora de estas tierras cuando ya no valen nada. —Eres la primera que se me adelanta en la ruptura. —¡Ah, cruel mentiroso! Te ríes cordial y yo me muero. ¡Por favor! No hables de mí a las que me sucedan. No volveré a escribir, no quiero dramas. Me muerdo los labios, nos herimos, no lloramos. No, no lloramos, en canto y ceniza enterramos al muerto.
-Voy –Marina tiene que llorar -¡No me mires, camina! -La lluvia por fin.
El honor del fin. Por fin. La primera bailarina queda sola en el escenario y se encoge sobre sí misma. Me muerdo los labios, lo más duro en lo más tierno. No voy a llorar ¿cómo lograr que las lágrimas retornen a los ojos? No voy a llorar, no estoy llorando. ¿Así que seremos como hermanos? Tu risa, saeta de fuego, ceniza de la hermana, muerta, ríe aún. Hermanos.

Zayin. El río de nuevo. Se re-tuer-ce, el río sigue llorando. Hacia dentro. Los ojos de Marina se posan en el muelle. Las lágrimas de Marina se posan en el suelo, en su tumba de barro y piedras. Konstantín se para un par de metros por delante y a mira y ella al río. Él hace un gesto con el brazo, va a tocarla pero se arrepiente en el camino y brazo vuelve a su lugar como muerto. Él también tiene ganas de llorar pero aguanta. ¿Acaso deben separarse si se aman? No. No se aman y Kostya lo sabe. Lo supo todo desde el principio pero... Pensó que ella no... Creyó que nunca... La mente a veces juega malas pasadas, sobre todo a aquello quienes tratan de jugar al oráculo. Marina, Marina, qué triste te veo y qué poco arrepentida. ¿Volverá…? -Tómame del brazo, no andemos como presos. -Y una chispa. Konstantín teme a Marina. -No hay muelles que acaben así. -Un coche fúnebre pasa raudo y les salpica. Marina cierra los ojos y respira hondo, luego sonríe y más tarde llora. Me quema tu hielo, me aprietas el alma con unas tijeras abiertas y arrojas esquirlas de hierro a mi corazón. -Vamos a casa, querida. Será la última vez, Amor.

Jhet. Delante el último puente, paso del Leteo que dirían los Antiguos. –Págame -exige Caronte con su cara macilenta. Abajo el río, el Moldava, Leteo de turbias aguas, enreda sus olas como crueles dedos en los remos de la barquichuela… -Págame -repite Caronte con su cara oscura, satélite muerto. Cerbero gruñe allá lejos. ¿Cerbero existe? Puente.
Puente. Pasión de los amantes sin esperanza. ¿Qué buscas, oh, Perséfone? Marina se acurruca en el lado derecho de Konstantín. Calor, Lluvia. Muerte. Tal vez si ahora… El puente no es demasiado alto. Una chispa, tu costado en el mío. En el mío cobra vida tu costado. Un nudo nos ata. ¿Me tiro abajo? No, dejaría tu mano. Puente, no marido, amante y desencuentro. Puente, dime que sueño, que abajo, en tu vacío me despeño, dime, Puente, que llegará el día que el alba me devolverá mi lucero y que la mañana… Dime que no es cierto, dime que no tienes ni tendrás… Fin.
-¿Aquí? -De acuerdo -dice ella. -Lo acepto -dice él.

Tet. Oh, calla y escucha, la fábrica no duerme, ninguno debería dormir. Nunca. Calla. Te diré el secreto que nunca debí conocer: yo no soy sino un animal herido en vientre. Se esfumó mi alma. Sólo el cuerpo que ya no quiere ser cuerpo, quiere morir. -Perdóname, no quería… -No importa, no llores, Marina, no llores. Somos los peones del tablero, alguien va jugando con nosotros ¿Quién? Konstantín apaga su cigarrillo contra el suelo y lo pisa cuidadosamente. -Qué lejos estás ya.

Yod. Y de nuevo al principio: la Esquina de Siempre. Y la calle, el café. Nuestro café, nuestra calle, ya no es nuestra: es tuya o mía. ¿Nosotros? Qué absurdo. Recuerdo que la dueña… Aquel aroma, el café sin sabor, aguado. La dueña… “¡Vivid, jóvenes! Vosotros que aún podéis” Estaba escrito en su cofia planchada a la holandesa. Mañana saldrá el sol por el oeste y ¿cuál será nuestra gesta? Ruptura. ¡Qué estúpido muro de siete letras! Arutpur. ¿Se ríe de nosotros? ¡Ah, no, estúpida! No sabe que nosotros ya no existimos. Suenan las trompetas de Apocalipsis, ¡Ruptura! ¡Ruptura! ¿Qué significa separación? Se oye cantar un cisne allá en el río. Jeder Engel ist schrecklich. Konstantín camina ensimismado. -Ya no… ¿Entonces? -No lo sé. Está claro: separarse es no compartir. Mas fudidos quedamos tú y yo.

Caf. El día se acaba. La cima de la montaña Smíchov relumbra en violeta y plomo. Ruptura. La lluvia ya no cae tan pesada sobre sus cabezas, o eso le parece a Marina. Un tajo limpio. Ruptura. Ojalá se acabara así el día: un chispazo y la aurora. Sutura. Ni un gesto: la herida podría abrirse, cada punto se ha grabado en mi memoria como destello de dolor. Pero es un herida limpia, sólo su rastro en la memoria algunas veces, como un olor conocido e ilocalizable. - ¿A la cima? -pregunta Konstantín, -¡Por última vez! -asiente Marina.

Lamed. Fuera, ¡fuera!, allá lejos... Campos, algún vallado, sólo existen los arrabales. Una luz mortecina ilumina los restos del día. Tendrán que bajar ciegos, primero la oscuridad y luego renacer: así empieza la oscura narración de los tiempos. El juego está perdido, jaque mate, ¡arrásalo todo, diluvio! ¡Dios mío! ¿Es esto acaso una prueba? Huyamos, amor. ¿No es más digno andar errante? Exilio: infinito regreso, la luz. Quedarse quietos es desaparecer; desaparecer, perpetuarse. La lluvia sigue cayendo fina y ya imperceptible a los ojos del otro. Si no pueden verse ¿existen las lágrimas que les arrasan el rostro? -Despacio, -dice Marina, -bajemos.

domingo, 19 de octubre de 2008

¡No me encontraréis!

En mi ciudad, que no es una ciudad sino una villa, se hace todos los junios un mercadillo de libros antiguos y de ocasión. Creo que dura dos semanas. Recuerdo cuando era pequeña y me llevaba mi padre; volvía a casa cargada de libros polvorientos en los cuales descubrí muchas cosas, sobre los autores, los protagonistas y sobre mí misma. Me paso todos los años un par de veces: la primera es una aproximación reconocimiento, pasar de puesto en puesto, vigilante y atenta. En busca de la ganga perfecta. Este año me traje dos libros de esa visión de reconocimiento: Los árboles mueren de pie (adoro a Casona) y una compilación de Pasos de Lope de Rueda nuevecita. Siempre vuelvo a casa con una gran desazón, nunca encuentro a la primera eso que te hace volver inmediatamente a casa y leerlo febrilmente. Además en junio son los exámenes, y este año eran los últimos de mi carrera (¡yuju, licenciada!). Y, si no fuera poco, con tanto examen y tanto trabajo este año sólo bajé dos veces. La segunda vez fue un jueves, quedaban dos días para que se clausurase el mercadillo y yo había decidido tomarme ese día libre. Mientras mi media Piña revolvía en las pilas de Marvel y me puse a revolver en una pila de revistas literarias la mayoría de ellas repetidas. Y allí estaba el ejemplar de Litoral dedicado a escritoras españolas del XX. Lo cogí y casi no me atrevía a preguntarle al chico cuánto costaba, pero lo hice y me dijo que 5 euros. ¡Estaba nuevo! ¡Con plástico y todo! Dentro tenía una hoja de suscripción y un marcapáginas a juego con la revista. Este número es, por cierto, de 1986. Por eso me temía el precio. Ahora está aquí, abierto por un poema de Concha Méndez, la otra olvidada del 27.
Ahondad en mí.
No me encontrareis
por más que me preste
a unirme a vosotros
y os muestre mi alma...
y os hablen mis ojos...
Por más que mi vida
sea el sacrificio
de todos los días
y querais rendirme
lo que me debeis,
¡no me encontraréis!
Lo cierto es que abrí la revista al azar, pero ahora que leo despacio el poema me parece una queja. Una queja de las poetisas y escritoras invisibles del 27, olvidadas todas en las estanterías de las bibliotecas. Yo nunca había leído nada de Concha Méndez hasta que compré la revista. Yo, licenciada en Filología hispánica por literatura (y con grado, en próximas entregas), sabía que la mujer de Altolaguirre había colaborado con él a nivel de escritores, codo con codo. Pero no había leído nada auténticamente suyo.
Repito: cosas que pasan.

viernes, 17 de octubre de 2008

Rainer cruza la calle. Primero un paso...

"Esta pareja erraba por Moscú, por Arbat, por los callejones y las callejuelas; andaban cogidos de la mano, como niños, y suscitaban curiosas miradas y sonrisas. Pero ellos no se sentían desconcertados.
Frecuentemente entraban en las tabernas de los cargadores a tomar té, para escuchar su lenguaje y conversar con ellos. Mañanas enteras se perdían en las galerías de pintura y los museos. Iban a las iglesias a la hora del servicio. Se confundían con el pueblo en los mercados de Sujáreivka y Smolenski. visitaban los lugares más alejados de la ciudad. [...] Buscaban por todas partes el verdadero rostro de Rusia."
Quizá debiera escribir algo sobre Rainer. Es alguien que no sólo me fascina como poeta sino también como persona. ¿Qué clase de persona era Rainer Maria Rilke? ¿Quién consigue el favor de ricas herederas para que le dejasen su castillo en Duino y así escribir uno de mis libros de poesía preferidos? Ese libro que tanto le costó escribir, que se llevó poco a poco su salud y que es hoy en día uno de los grandes clásicos de la literatura alemana.
Hör ich doch keinen wie ihn. Auf einmal durchgeht mich
mit der strömenden Luft sein verdunkelter Ton.
Pues eso.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Soy una bruja

Sí, lo soy, soy una bruja, pero hay cosas peores en esta vida. Por ejemplo el Departamento de Filología de la Universidad de Oviedo. A ver quién es el listo que me lleva la contraria.
Decía (dice) Victoria Sau que a ella le hubiera gustado ser una mujer de acción, pero salió de reflexión. Yo siempre he creído que era más de reflexión, pero va a ser que me equivocaba.

domingo, 12 de octubre de 2008

Mujeres y rock

-¡Oh, no! Otra arenga de la bruja de Nimúe. ¡Argh!-
Bien. Hecha la tontería ya puedo empezar a escribir libremente. Estos es, posiblemente, un esbozo de algo que con un poco más documentación (mi única documentación son unos esquemas hechos en mi cuaderno y una conversación con una compañera de máster) podría convertirse en un artículo serio. No lo es. Sólo son unas observaciones hechas en primera y tercera persona.
Los que me conocéis sabéis de mi afición a la música. Dicha afición me viene desde pequeñísima, aprendí sola a leer partituras, a tocar el piano con cierta dignidad y a escuchar a Beethoven furibundamente. Pero esto no tiene nada que ver con el Rock, Nimúe. Ya. También toco la guitarra; desde los dieciséis años. Tengo cuatro guitarras: una española heredada de mi padre, una acústica cutronga que es la que más uso y dos eléctricas, entre ellas una LesPaul Black Beauty de la que estoy enamoradísima desde que la vi. Nunca he sido guitarrista en ningún grupo y haciendo casi ocho años que toco os imaginaréis que toco con cierta dignidad. Una vez mi casera en Alemania me dijo algo que yo ya sabía pero en lo que no había pensado nunca demasiado: "Dale a un chico una guitarra y se creerá Ritchie Blackmore al dar dos acordes, dásela a una chica y te dirá -aún no soy suficientemente buena-". Tiene razón (era -y seguirá siendo- profesora de música). Pero no es sólo es tendencia al perfeccionismo al que nos vemos abocadas muchas mujeres, cada vez menos (no sé si para bien o para mal); es que en ciertos sectores de la música las mujeres no somos bien recibidas. Sólo pensad en letras de canciones de grupos de rock en las que se habla mucho de nosotras, pero no se nos da ni voz ni voto. I used to love but I had to kill her, I had to put her six feet under and I can still hear her complain... Y sólo es lo primero que se ma viene a la mente. Hay miles de letras más. No es sólo eso. Muchas veces, yo misma he intentado formar parte de grupos de rock, con funesto resultado. He escuchado de todo. Desde "tienes una voz muy dulce para ser rockera", hasta "N., tía, los grupos con tías están pasados de moda, el rock exige tenere un par de cojones", palabras textuales de un guitarrista y cantante que ya quisiera cantar y tocar como lo hago yo. Y sin embargo él está ahí y yo aquí preguntádome por qué pasa ésto. A mi compañera, con la que tuve esta conversación no se le había pasado por la cabeza, pero dijo "fíjate, nunca nos fijamos en esas cosas, pero ahora que lo dices es verdad".
Y por supuesto siempre se puede ir un poco más allá. Antes he dicho que nunca logré meterme como guitarra en un grupo de rock, pero lo que sí hice fue colaborar como cantante en varios grupos, un par de pop y uno de metal progresivo, del que por cierto, salí muy escaldada. No es sólo que no te quieran como guitarrista, es que no contentos con eso a mí me trataban como si fuera tonta y que no me esforzase tanto, que ellos esperaban... Se me revuelven las tripas.
Un paso más allá aún: después de un concierto, si los dueños e local son generosos y te invitan a una copa mis compañeros de grupo siempre tenían conversación con alguna de las que había visto el concierto y sin embargo, yo allí sola con mi botellín de Mahou, con suerte hablando con el guitarra que era el menos carismático del grupo...
Y luego me dicen que soy una trasnochada y que el feminismo está pasado de moda (sí, te odiaré toda la vida por haber dicho eso, ¡bruta!), cuando a mí que no soy ninguna vieja, me han pasado estas cosas. Y sólo tengo 23 años (largos, sí).

sábado, 11 de octubre de 2008

A varanda de Julieta (poema para Galaad)

"Uma vez, entrei em Verona para não
entrarem Veneza. Entre o vê de Verona e o vê
de Veneza optei por ver Verona. Gostei da
coincidência das consoantes na janela
de Julieta; e sei que em Veneza não ouviria
o vento da vingança, nem provaria o veneno
de uma volúpia que só em verona se
desvanece com a vida. Não há canais em
Verona, como en Veneza; nem há janelas
em Veneza, como em Verona; mas Julieta
espreita a rua, da janela que é sua, e se
ninguém diz a senha que só ela sabe, agita
o lenço molhado pelas lágrimas que as
nuvens bebem, levando-as de Verona até
Veneza, onde a chuva as deita nos canais."-
Nuno Júdice, A varanda de Julieta

^_^

jueves, 9 de octubre de 2008

Fransuá Trufó

Hace escasos minutos he llegado de la calle. Salí a hacer la compra y esas cosas, y de la que bajaba a supermercado (el único donde venden pan inglés integral en mi barrio, mmmm... Rico...), en el escaparate de un kiosco estaban de oferta dos películas de François Truffaut por 11 euros. Como una era Jules et Jim y tantas veces me la han recomendado, pues me las compré (de Truffaut sólo he visto La noche americana y Fahrenheit 451). Pero esta entrada no es sobre cine. Es sobre pronunciación. El año pasado cogí como asignatura de libre configuración una que se llamaba "Teoría y Estética del cine". Mi profesor de cine, un chico bastante joven, nos dio problemas (al menos a mí y a Coralie, la chica que se sentaba conmigo) con su pronunciación horrible de todos los idiomas europeos. Por ejemplo el título de la entrada, decía "Frasuá Trufó" (como suena, sí), o "Janlú Godar", o "Yermen Dulá"... No sólo en francés, también nos deleitó con perlas como "Cracagüer", "Deiviz Lin"... Una vez me mandó leer una reseña sobre un libro, creo que de Kracauer (a.k.a. Cracagüer, creo que se escribe también con "C"), el libro, en cuestión se llamaba Kleine Schriften zum Film; y yo, ingenua de mí lo leí con toda mi pronunciación alemana chachiguay, que para eso viví allí un año. Mis compañeros (menos Coralie, que era erasmus) se descojonaron de mí, no sé si me sentí peor porque se rieron de mí o por la ignorancia que demostraron, leñe, eran universitarios. Y hoy me sentí igual en el kiosco pidiendo las películas de Truffaut. Lo siento, soy incapaz de decir Trufó, me siento una paleta haciéndolo ¿para qué sirvieron entonces los 6 años de francés que estudié en el instituto? El pobre tendero me miraba desesperado como si le estuviera pidiendo que invocara a Yog-Sothoth en su tienda, o algo así. Al final cogí la pelis del escaparate, se las di y me dijo "¡Ah! Eran estas..." muy aliviado... Cosas que pasan.

miércoles, 8 de octubre de 2008

¿Eso quéh eh lo queh eh?

Me acaba de pasar una cosa muy curiosa. Digo curiosa porque es más bien deprimente, así en frío. Yo me reí mucho, pero claro, las cosas así de buenas a primeras y sin pensar pues son lo que son. El caso es que hace escasa media hora me llamó por teléfono mi primo, estudiante de bachillerato, para que le resolviera unas dudas. Yo llevaba un rato en el sofá tirada pensando en la mierda tan grande que es a veces ser mujer y tener la regla (en realidad me gusta ser mujer, pero las hormonas me dictan frases así); así que me alegré de tener algo que pensar que no fuera mi dolorido útero. El problema era el siguiente: su profesor de Lengua y Literatura, que por otro lado es el mismo que me dio clase a mí a su edad, le había puesto un ejercicio:"Encuentra los siguientes rasgos en un poema de Góngora: belleza femenina, carpe diem y brevedad de la vida". Un ejercicio normal, creí yo. Le pregunté "A ver, alma de cántaro, ¿qué es lo que no entiendes?" Y la respuesta... "Es que verás, N. , no sé dónde buscar los poemas de Góngora"
Yo: ¿quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?
Él: Sí, ¿dónde los busco?
Yo: Pues no sé, en internet... Por ejemplo.
Él: Ya miré y no hay nada.
Yo: ¿Cómo que no hay nada? Tiene que haberlo a la fuerza, es Góngora.
Él: Ya miré, en serio.
Yo: ¿Buscaste en wikipedia*?
Él: Sí, y no venía nada.
Yo: ¿Pero cómo no va a venir nada de Góngora?
Él: ¡Nooo! Yo busqué "belleza femenina" y esas cosas...
Yo: ¬¬U (dándolo por imposible) Veamos, cambiemos de táctica. ¿Tienes ahí la Antología (es una antología que ese profesor siempre manda comprar)?
Él: Sí.
Yo: Pues ahí tiene que venir algo.
Él: Ya, pero tiene 800 páginas ¿tengo que leerlas todas para encontrar algo?
Yo: ¬¬ No, hombre, mira en el índice: "Luis de Góngora"
Él: Vale...
Yo: ...
Él: ...
Yo: ¿Sigues ahí? ¿Lo encontraste ya?
Él: ¿Dónde está el índice?
Y sí, la conversación pasó de verdad, no hay giros humorísiticos ni nada. El tío no sabía buscar en un puñetero índice. Lo peor es que le obligué a analizar el poema para mí y lo hizo perfectamente, yo le hubiera puesto un notable, como mínimo.
Me da qué pensar ¿dónde vamos a parar? Y es que además, no puede echarle la culpa al pobre profesor, yo con dieciséis años sabía buscar en un índice. Y a mí ese profesor nunca me puso menos de un 8, no es que el hombre sea muy tacaño poniendo notas, no es que no sepa dar clase. Es que sus alumnos no saben nada. No saben cosas tan básicas como procurarse información que es lo más básico para aprender. Y tampoco quieren. "Jo, N., es que a ti te gusta mucho la literatura, pero a mí se me da mal, yo saco dieces en matemáticas";"Toma, y yo también lo sacaba**, no me vengas con éstas, esto no tiene nada que ver con cómo se te dé la literatura", "Jo, N. ...".
En fin, perpleja me hallo.
*Niños, wikipedia no es una fuente fiable, pero en algunos casos puede ser muy útil.
**Sí, era (y soy) superempollona que te cagas ¿qué pasa?

domingo, 5 de octubre de 2008

Halcyon sea

Cantábrico mío, ¡qué bonito eres! (¡qué guapu que yes!). Me encanta ir a verte en otoño cuando hay niebla en la playa y la humedad te transpasa la ropa; volver a casa y darse una ducha caliente para desenfriar los pies y quitarles bien la arena. Si supiera escribir poesía, te dedicaría un poema. Desgraciadamente, escribir poesía es algo que nunca supe hacer.

Escritores y escribidores

Hace unos cuantos días que no subo nada aquí. No hay ninguna otra excusa a parte de la falta de ganas/ánimos para escribir algo medianamente legible de lo que no me avergüence dentro de quince días. Acabo de leer en el suplemento dominical de El País un pequeño artículo de opinión de Javier Marías que me pareció muy interesante (y sincero). La verdad es que nunca he logrado terminarme un libro suyo, aún tengo escalofríos de terror cuando recuerdo aquel fracasado intento de leer Mañana en la batalla, piensa en mí; pero reconozco que sus artículos sí logro terminarlos y el de hoy en concreto me ha llegado a la patata.
El artículo viene a decir cosas como que menos mal que los niños de hoy (y los niños en general) no quieren ser artistas de mayores (me refiero a artistas serios, pintores, escultores, músicos y escritores). Que él nunca quiso ser escritor sino bombero o domador de leones. También dice que normalmente el resto de escritores, sus antecesores, le resultan vagamente antipáticos. Parecen adaptarse siempre a una especie de cánon de megalomanía, adicciones malsanas y sufrimiento sin límites (fingido o verdadero). Lo que más me ha llegado, con lo que más me identifico, es con su resignación a no ser una de esas almas atormentadas aún a cuenta de privarse de rasgos que "niños no, pero sí adolescentes y adultos pueriles -asocian con el talento con la genialidad: aún hay quienes creen que beber compulsivamente, inflarse a drogas o errar en coche por las carreteras los va a aproximar a Faulkner, a Lowry o a los predecibles Kerouac, Burroghs y Bukowski". Lo peor de todo es que tiene tanta razón y el mundo está tan poblado de "escribidores" que se creen esto. No digo nada de los autores en sí, bueno, los que me conocéis ya sabéis que Bukowski me repatea mucho (sobre todo en mi faceta feminista), pero cierto es que no por ser un grandísimo gilipollas como lo era él, tú vas a tener talento literario. No, lo siento, el mundo no funciona así. Es triste saber que no sólo son los adolescentes. Yo también fui adolescente y creí que las drogas me acercarían a algo más verdadero, que vería todo con más claridad y ¡cuánto me equivocaba! Fumar porros no sólo no te hace ver las cosas más claras sino todo lo contrario. Como decía, lo más triste es saber que hay personas que pasan con mucho de treintena, o que aún teniendo estudios serios en literatura se creen todo esto.
Sí, sigo deprimida y con cosas como ésta más, menos mal que el artículo de Marías me ha hecho animarme un poco. :)